Camina el sitio en diferentes horas y meses, toma notas de sombras que crecen, heladas persistentes y deshielos rápidos. Observa cómo entra el sol entre pinos, dónde se acumula nieve, y por dónde baja el agua. Mide pendientes, escucha al vecindario, y respeta huellas de animales antes de trazar cimientos.
Ubica puertas lejos de ventisqueros dominantes y diseña aleros que frenen cornisas sin arrojar hielo sobre accesos. Alinea superficies acristaladas al sol invernal, protege del sol veraniego con voladizos, y evita canalizar vientos hacia entradas. Prioriza recorridos despejados, puntos de giro para motos de nieve y áreas seguras para carga.
Usa piedra, tierra estabilizada y madera del entorno certificada para masa térmica y menor transporte. Prefiere cubiertas a dos aguas de baja complejidad, juntas protegidas, y envolventes continuas sin puentes térmicos. Las formas compactas ahorran calor, resisten vientos y simplifican sellos contra polvo fino y roedores.
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